Compositor: Clint Mansell (1963)
Año de composición: 2006
Fecha de salida: 2006-11-20
Discográfica: Nonesuch Records
Impresor: Warner Music (USA)
Referencia: 79901-2
















Tracks:

1. The Last Man 6:09
2. Holy Dread! 3:52
3. Tree of Life
3:45
4. Stay with Me 3:36
5. Death Is a Disease
2:34
6. Xibalba 5:23
7. First Snow 3:09
8. Finish It 4:25
9. Death Is the Road to Awe
8:26
10. Together We Will Live Forever 5:02

Total:46:20


Créditos

Música compuesta por Clint Mansell.
Orquestaciones de Justin Skomarovsky.
Música adicional de Stuart Braithwaite y Dominic Aitchison.
Interpretada por el Kronos Quartet {David Harrington (violín), John Sherba (violín), Hank Dutt (viola) y Jeffrey Zeigler (violoncelo)}, Clint Mansell y Mogwai.
Album producido por Clint Mansell.



Reseñas

Materia comprometida disertar hoy día sobre la concepción del Arte, la condición de artista. En términos evolutivos, la palabra Arte ha quedado reducida al concepto de sorpresa. Frente al realismo cotidiano o al superrealismo helénico, todo artista que se precie debe caprichosamente en nuestros días ejercer de francotirador del sistema, asido al púlpito del telepredicador que marca nuevas vías de conducta, pretextos sobre los que canalizar lo intangible, asumiendo por defecto que todo aquello que no se entiende (o explica) se expande hacia lo imperecedero. Evangelizarse en subversivo, revolucionario, agitador e inconformista supone el perfecto pasaporte para viajar hacia el Arte, corolario reduccionista de egocéntricas vanguardias.

Esa es la ilusión de Arte desplegada por algunos directores mesiánicos que han hecho del cine su medio de expresión, el púlpito de sus disertaciones metafísicas, el foco de sus deseos de inmortalidad. “The Fountain”, la última vuelta de tuerca de Darren Aronofsky, es la historia de la eterna lucha de un hombre por salvar la vida de su ser amado. La búsqueda de la fuente de la inmortalidad, el árbol de la vida, a través de tres lustros: el siglo XVI donde un conquistador español afronta una muerte segura empeñado en una búsqueda que salve a su reina Isabel de las intrigas de la Inquisición; el siglo XXI donde un cirujano experimenta con la corteza de un árbol guatemalteco para evitar el funesto destino que espera a su amada esposa, víctima de un tumor; y el siglo XXVI donde un astronauta asceta se enfrenta a sus propios miedos en la convulsa nebulosa de Xibalba. Tres personajes, un mismo rostro. Tres historias que confluyen en la aceptación de la muerte como parte de la vida, de la propia humanidad. Cine reflexivo, místico y personal que no dejará a nadie indiferente.

Alejado de sus experimentos con la cámara, sus imágenes aceleradas (que podían conectarse con la locura de su protagonista en “Pi”, pero que acababan por cargar hasta la exasperación en su irregular “Réquiem por un sueño”), con “The Fountain”, Aronofsky logra templar su narrativa otorgando al conjunto una desangelada melancolía. Siendo muy discutible como Aronofsky coloca la cámara, el calado de sus guiones o su habitual sentido de deja vu argumental, hay que reconocer su capacidad para la hipnosis, sus poéticos cuadros nihilistas que sin ser necesarios a la trama cautivan por su imaginación y profundidad (sirva de botón de muestra los finales de “Réquiem” y de este “The Fountain”).

Clint Mansell ha cultivado con Aronofsky un concepto musical minimalista que centrado en la sencillez adquiere en este filme su verdadero cenit. “The Fountain” comparte con “Requiem for a dream” muchos de sus términos estilísticos, pero se aleja en la consecución de los mismos. Frente al tosco y sucio sonido pergeñado en “Requiem” (me dirán que la trama da para ello), Mansell sublimiza esas constantes alcanzando una obra tan sumamente elegante, hipnótica y bella que logra soportar a sus espaldas el afectado discurso de su director. La música consigue que creamos en el ímpetu que Hugh Jackman pone en la consecución de su destino inmortal: la aceptación de la muerte, en los sucesivos ciclos vitales adoptados para alcanzarlo.

Mansell rehuye canalizar las tres historias acudiendo a fuentes musicales coetáneas a la época. Su labor es la de interconectar todas ellas, establecer el clímax que permita atemporalizar una historia que trascurre a caballo entre el pasado, presente y futuro. Su paleta orquestal se limita a cuarteto de cuerdas (el Kronos Quartet), banda de rock (Mogway, o lo que es lo mismo: dos guitarras, dos pianos, bajo y percusión), sintetizador y coros. Un ecléctico conjunto que logra empastarse en aras a la consecución del fin último de la obra, dotarla de una infinita y extraña melancolía.

La fórmula se constata sencilla. Dos temas, uno de cinco notas en progresión (“The Last Man”) que Mansell asocia a su héroe atemporal, frente a otro de tres notas conectado a la búsqueda de la fuente de la vida, mas peligroso y obsesivo (“Tree of Life”, “Finish It”), que acaban por converger en la fantástica y alucinógena escena final con “Death is the Road To Awe”, un “Lux Aeterna” mas complejo y satisfactorio que emerge como climax musical de la obra, insuflado por fuertes reminiscencias del rock sinfónico de los 70.

Sin embargo, si de elegir un tema se tratara, sin duda “Xibalba” sería el preferido. La sublimación de la belleza que arrastra toda la obra confluye en este tema que sirve a Aronofsky de engarce temporal de la historia (un montaje en paralelo de quince siglos). Xibalba es sinónimo de la poética de su director. El inframundo de los mayas, allí donde las almas son conducidas para renacer, es la nebulosa donde el astronauta acepta definitivamente la muerte, donde el árbol de la vida se seca y asume que morir no es otra cosa que formar parte de una nueva estrella; el cirujano, que la muerte es lo que nos hace humanos; y el conquistador, que el paso al otro lado no es sino una vuelta a la tierra de donde surgirá nueva vida. La futilidad de la propia existencia representada por Mansell sobre cuerda y coros.

La muerte como camino a lo reverencial. Cine irregular, con un toque de impostura, que fuerza al espectador a dejar arrastrarse por ella. En ocasiones las falacias no son más que verdades disfrazadas de trascendencia, transposiciones de nuevas realidades difíciles de afrontar. Quizás “The Fountain” sea una de esas tan bella, que acabe por atraparles como al que esto escribe por su inutilidad y su bendita desmesura.


Miguel Ángel Ordóñez . . . . SCOREMAGACINE

Más reseñas...
BSOSpirit


Referencias
The Fountain / La fuente de la vida (2006)
Película dirigida por Darren Aronofsky.
Interpretada por Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Mark Margolis, Stephen McHattie, Fernando Hernandez, Cliff Curtis, Sean Patrick Thomas, Donna Murphy, etc.